La perforación clásica en la parte blanda de la oreja. Es el piercing más común y, por lo general, el que tiene cicatrización más sencilla.
Varios agujeros en el lóbulo (en línea o escalonados) o un poco más arriba del lóbulo clásico. Sirve para combinaciones de aros y studs pequeños.
Perforación en el borde superior de la oreja, en cartílago. Es el piercing de “aro arriba” de toda la vida.
Va en la parte frontal del hélix, cerca de donde la oreja se une con la cabeza. Suele quedar bien con piezas pequeñas alineadas.
El trocito de cartílago que sobresale delante del canal auditivo. Suele llevar un stud pequeño o aro fino y da un punto muy visible sin llenar toda la oreja.
Perforación situada en el pliegue interior de la oreja, por encima del trágus y opuesta al hélix. Zona anatómica marcada y con mucha personalidad.
Cartílago situado frente al tragus, en el borde inferior de la oreja. Menos común, pero muy potente visualmente con la pieza adecuada.
Perforación en la parte cóncava interna de la oreja. Admite studs centrales o aros que abrazan todo el contorno de la oreja desde dentro.
Perforación algo más hacia el borde, pensada sobre todo para llevar un aro que rodea la oreja desde fuera.
Instalado en el pliegue interno de cartílago sobre el canal auditivo. Muy reconocible con aros pequeños o piezas trabajadas. (Lo de las migrañas es un tema aparte: no se plantea como tratamiento médico.)
Perforación en el pliegue de cartílago que queda por encima del daith, hacia la parte superior interna de la oreja. Suele lucir bien con barras curvas pequeñas.
Va en el borde interior medio de la oreja, paralelo al hélix. Es un piercing más técnico y llamativo, con barras cortas y bien medidas.
Dos perforaciones de cartílago unidas por una sola barra recta (por ejemplo, de hélix a hélix). Estético pero exigente a nivel de anatomía y cuidados.
Se coloca en la zona plana de cartílago entre el hélix y la parte interna de la oreja. Ideal para placas, piezas planas o composiciones más “de diseño”.
Perforación en el tejido blando entre las fosas nasales, no en el cartílago macizo. Admite aros, horseshoes y piezas decoradas. Se puede llevar visible o esconder según la joya.
Perforación horizontal en la parte superior de la nariz, entre los ojos. Muy visible y no apto para todos los tipos de anatomía.
Similar a la narina, pero más arriba en el lateral. Permite composiciones con dos puntos de luz o combinaciones en vertical.
Dos o tres perforaciones en el lateral.
El clásico piercing en un lado de la nariz. Se puede llevar con un stud discreto o con un aro fino. Muy visible y fácil de combinar con otros.
Perforación bajo el labio inferior, centrada. Suele llevar una barra con disco interno y una bolita o detalle fuera.
Dos perforaciones bajo el labio inferior, una a cada lado (simétricas). Se suelen llevar con barras con disco interno y quedan muy reconocibles sin recargar.
Perforación en un lado del labio superior, imitando los lunares icónicos. Se lleva con stud discreto.
Perforación vertical en el centro de la lengua. Suele llevar barra con discos/bolas. Requiere cuidados específicos por el movimiento constante y el contacto con comida/bebida.
Piercing centrado en el filtro, el surco entre el labio superior y la nariz. Muy protagonista con una pieza pequeña pero visible.
Dos perforaciones tipo Monroe a ambos lados.
En las comisuras del labio (más “sonrisa”).
En el frenillo superior (ojo con encías/dientes; requiere criterio).
Frenillo inferior (menos común).
Perforación horizontal o vertical en el pezón. Muy delicado y con tiempos de cicatrización largos; requiere seguimiento de cuidados y buena joyería.
Perforación normalmente en diagonal sobre la ceja. Suele llevar barra curva con dos bolitas o formas pequeñas. Muy visible y con carácter.
Perforaciones en mejillas (tipo “hoyuelo”). Requieren buena valoración previa y un compromiso alto con cuidados y cicatrización.
Piercing en el pliegue del ombligo, con barra curva y adorno inferior (y a veces superior). Muy común, pero con tiempos de cicatrización más largos que un lóbulo.
Variante del piercing de ombligo en la que la entrada principal se sitúa en la parte inferior del ombligo. Ideal cuando la anatomía no permite el ombligo tradicional.
Perforación de una sola pieza que se fija bajo la piel mediante un anclaje. Solo queda visible la parte superior de la joya. Puede colocarse en casi cualquier zona del cuerpo con superficie suficiente.
Conjunto amplio de perforaciones íntimas, tanto masculinas como femeninas. Requieren máxima profesionalidad, información clara y consentimiento informado.
No todas las anatomías admiten todos los piercings. En la cita vemos qué tienes en mente, revisamos la zona y te decimos qué es viable, qué no recomendamos y qué joyería tiene más sentido para tu caso.
Lóbulo y narina suelen ser los más sencillos. Si quieres cartílago, lo valoramos según tu oreja y tu ritmo de cicatrización.
El interno va en la “concha” por dentro; el externo queda más hacia el borde y se usa mucho para llevar un aro que rodea la oreja desde fuera.
Una composición de varios piercings en la oreja pensados como conjunto: equilibrio, tamaños, colocación y joyas que encajan entre sí.
No. Algunos (como industrial o bridge) dependen mucho de anatomía y de cómo cicatrice tu piel. Por eso primero se valora y luego se decide.
Sí. Te orientamos para que quede bien estéticamente y tenga sentido a nivel de colocación, comodidad y curación.
Industrial, bridge, snug y algunos cartílagos “finos” son los que más condiciona la forma de la zona. Si no es viable, te proponemos alternativas que queden igual de bien.
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